Después de un viaje de casi doce horas por culpa del retraso del avión llegamos mi padre y yo a París. Estoy que me subo por las paredes y a la vez con ganas de llegar al hotel para dejar los bultos que llevamos encima.

Una vez que ya dejamos todo ordenado, vamos a callejear un poco la zona y encontramos una pequeña brasserie, de precio bastante decente y decidimos pararnos a cenar. No tengo prácticamente hambre, porque estoy hecha un manojo de nervios que ni sé por qué, ya que todo el lío de la búsqueda de piso empieza mañana... Pero no puedo dejar de pensar en cómo narices he decidido venirme aquí y sin tener aún un techo.
Ahora ya esta mi padre medio dormido, y yo estoy en la ventana de la habitación sacando fotos como si no hubiera mañana. Y así, de repente, me paro a pensar, que en menos de una semana estaré aquí viviendo sola. Definitivamente estoy fatal de la cabeza. Pero me muero de ganas =)
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